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MENSAJE DE APERTURA XXII Capítulo general Solemnidad de S. Benito Menni

Queridas hermanas capitulares,


Invocando el Espíritu Santo, padre amoroso del pobre, don en sus dones esplendido, hemos entrado en esta sala que acoge nuestra comunidad capitular. 

Queremos, como decía nuestro Fundador, con ocasión del primer capítulo general, que “todo cuanto se haga esté inspirado por el Divino Espíritu, del cual desciende todo bien y sin cuyo divino soplo no hay cosa sobrenatural en nosotros, ni tenemos luz para guiarnos a la vida eterna”. 

A cada una de vosotras mi saludo de hermana, lleno de Alegría y Paz. Un saludo que quiere llegar también a las hermanas y demás miembros de la Comunidad Hospitalaria, y otras personas que nos acompañan presencialmente y a través de la transmisión vía internet. 

Hoy, día 24 de abril de 2024, iniciamos el XXII Capítulo general de nuestra Congregación de Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, bajo el lema “Revestíos de entrañas de misericordia. Signos proféticos de esperanza y de la cercanía de Dios a la humanidad que sufre”. 

Lo hacemos en este tiempo pascual, que nos invita a descubrir la presencia resucitada del Señor con nosotras y en medio de nosotras, y en la Fiesta de san Benito Menni, nuestro Fundador, padre y maestro de hospitalidad. Son coincidencias que aportan luz y consuelo al empezar este evento tan central en la andadura congregacional.     

En las Constituciones afirmamos que “el Capítulo general es el órgano que representa a toda la Congregación y ejerce de forma colegial la autoridad en lo relativo a su vida y misión. Es un acontecimiento pascual, un evento de renovación carismática y de proyección apostólica que hemos de vivir con espíritu de fe y fraternidad buscando, en actitud de discernimiento, lo que sea del agrado del Señor”.  

Estas palabras colocan los fundamentos al acontecimiento que estamos iniciando: la representatividad y la colegialidad.

La representatividad expresa el “sentido congregacional” que asumimos todas las hermanas que hacemos parte de esta Asamblea. No se trata de representar las diferentes culturas, estructuras o realidades congregacionales, sino de sabernos “un solo cuerpo” en búsqueda de lo que Dios quiere hoy para el futuro de la Congregación. En nuestra condición de miembros ex oficio, por elección, o invitación, representamos a todas las hermanas; esto pide a cada una de nosotras, gran capacidad de escucha, sintonía con lo que sienten y viven las demás, y una mirada, desde lo universal. 

La colegialidad subraya la dimensión de “corresponsabilidad en el ejercicio de la autoridad” en lo relativo a la vida y misión de la Congregación. Todas somos llamadas a ofrecer nuestros sueños y visiones (cf. Joel 2,28), nuestras experiencias y sabiduría, nuestras propuestas y desafíos, nuestras intuiciones y confirmaciones; también nuestros cuestionamientos, desacuerdos e inquietudes; con todo ello, caminando untas, en sinodalidad, y desde la misma dignidad de hijas de Dios, de hermanas en hospitalidad y de miembros capitulares, nos colocamos al servicio de la voluntad de Dios.

Las Constituciones afirman también que el Capítulo es un “acontecimiento pascual, un evento de renovación carismática y de proyección apostólica”. 

Un acontecimiento pascual, que evoca y actualiza el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús; que nos sitúa en dinámica de éxodo, hacia una vivencia renovada del carisma hospitalario, desde ese “dejarnos revestirnos de entrañas de misericordia” y nos proyecta hacia un apostolado de cercanía compasiva a la humanidad que sufre.  

Es un acontecimiento pascual, vivido en tiempo de Pascua. La Pascua ilumina toda la vida de Jesús, su mismo misterio de pasión y muerte; desde esa relectura, las primeras comunidades cristianas proclaman el kerigma de nuestra fe: “el Señor ha resucitado”. Este tiempo que vivimos, que prolonga la Pascua a lo largo de 50 días, trae una luz muy especial a nuestro camino capitular, pues el encuentro con el Señor resucitado transforma, cambia la vida, la mirada, los sentimientos, las palabras, los gestos y el compromiso en la misión. 

Los evangelios que escuchamos estos días nos transmiten muchos testimonios de ello: a María de Magdala, que lloraba buscando al Señor en el sepulcro, Jesús la transforma en mensajera de su resurrección (cf. Jn 20, 11ss); a unos hombres que no se fían del testimonio de las mujeres, los convierte en discípulos que corren al sepulcro y viendo que estaba vacío, creyeron (cf. Jn 20,1-9); a un discípulo con necesidad de garantías y seguridades, en un Tomás confesor de una fe confiada (cf. Jn 20, 19-31); a una comunidad miedosa y encerrada, en un grupo de hombres y mujeres llenos de alegría y paz, mensajeros de la buena noticia (cf. Jn 20,19); a un grupo de pescadores desilusionados después de los esfuerzos de la noche, en una comunidad que se fía de la palabra del Maestro y acoge la sobreabundancia de peces (cf. Jn 21,1-14); a los dos de Emaús que caminan desalentados, en discípulos con un corazón que arde por la palabra escuchada, corriendo a anunciar a los demás, que el Señor se les apareció y que le reconocieron al partir el pan. 

A este tiempo pascual hace referencia el mismo lema capitular, que Pablo, en su carta a los Colosenses, contextualiza en la invitación a vivir la vida nueva de los que “hemos resucitado con Cristo” (cf. Col. 3,1): revestidos de la nueva condición (cf. Col 3,10), aspirad a los bienes de arriba (cf. Col 3,1), despojaos del hombre viejo (cf. Col 3,9). “Si habéis resucitado con Cristo […] “revestíos de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia” (Col 3, 12). 

Pero en el lema capitular, resuenan también expresiones de nuestras Constituciones que nos remiten a la esencia de nuestra vocación y carisma: “la hospitalidad nos configura con el Cristo compasivo y misericordioso del evangelio” (2); “por el carisma somos llamadas a ser testigos de la infinita misericordia de Dios, encarnando la hospitalidad” (3); “seguimos a Cristo […] que pasó por la tierra como divino samaritano de la humanidad haciendo el bien a todos y sanando a los enfermos” (5); “la espiritualidad hospitalaria […] nos compromete a ser para los demás expresión de su misericordia” (8).

Podemos decir que el lema capitular, que emerge en el discernimiento durante la etapa pre-capitular, nos centra en lo esencial de nuestra vocación cristiana y hospitalaria. “Revestíos de entrañas de misericordia” es lo que Dios quiere de nosotras como Hermanas y de todos los que participan de la misión hospitalaria, ciertamente con diferentes formas de concreción. Este imperativo ha de ser principio y meta que inspire el camino que estamos iniciando, horizonte donde movernos y criterio de discernimiento, llamada constante a una conversión transformadora.   

Completa el lema un subtítulo, con elementos que han ido apareciendo con fuerza a lo largo de todo este proceso realizado, y que han de continuar, como pequeñas luces, que guían nuestro caminar y matizan el lema: “Signos proféticos de esperanza y de la cercanía de Dios a la humanidad que sufre”. Profecía, esperanza, cercanía, humanidad sufriente, con todo lo que cada una de estas palabras evoca, han de ser interpretadas desde ese revestirse de entrañas de misericordia al que somos llamadas. 

Decíamos que, según las Constituciones, el Capitulo es un evento de renovación carismática y de proyección apostólica, pero una y otra han de ser interpretadas a la luz de lo vivido en el sexenio que estamos terminando; en esa realidad, mirada desde un corazón agradecido, encontramos muchos signos de hospitalidad practicada, según el lema que ha alentado nuestro caminar. 

Somos conscientes de que nada de lo vivido sería posible sin la preciosa colaboración de quienes formamos la Comunidad Hospitalaria: hermanas, colaboradores, voluntarios, bienhechores, amigos, y, sobre todo, las personas a quienes servimos; colaboración que se ha hecho bien visible en la preparación de este Capítulo, en la que, por primera vez, hemos contado con la aportación de nuestros destinatarios.    

Descubrimos también muchos desafíos que, desde un discernimiento lúcido, sabio y sinodal, piden respuestas audaces y creativas, en el horizonte del lema capitular: Revestíos de entrañas de misericordia. 

El Propósito del Capítulo intenta, de forma muy resumida, recoger estos dos elementos de bendición y de desafío. Así lo expresamos: 

“Nos sentimos bendecidas e impulsadas por el dinamismo de renovación generado por la revisión de Constituciones, que nos ha ayudado a volver a las fuentes carismáticas y a hacer una relectura de la espiritualidad que se encarna en lo cotidiano. 

El Espíritu nos urge a redescubrir la belleza de nuestra vida consagrada en la Iglesia y a entrar en un proceso de transformación que haga de nosotras testigos de la compasión y misericordia de Jesús, en la comunión fraterna y en el servicio hospitalario.

Valoramos y agradecemos las diferentes formas de colaboración y corresponsabilidad en la realización de la misión en un mundo en transformación. 

Interpelados por las nuevas situaciones de pobreza y sufrimiento psíquico que hacen más vulnerable la vida humana, queremos juntos responder con nuestro estilo carismático, siendo presencia significativa y profética en el mundo de la salud, audaces en nuevos proyectos y consolidando procesos de identidad en las obras hospitalarias”.

De este Propósito surgen las cinco Líneas nucleares que serán objeto de nuestra reflexión, diálogo, discernimiento y decisión; en dos de ellas, participarán también un grupo de colaboradores y laicos hospitalarios, que se incorporarán hacia mediados de mayo. Las recordamos: 

  1. Misericordia, ¡abrazo que sana!

  2. Misericordia, ¡fuente de comunión!

  3. Misericordia, ¡expresión de Iglesia samaritana!

  4. Misericordia, ¡fuerza evangelizadora!

  5. Misericordia, ¡amor sin límites! 

Son dimensiones esenciales de nuestra vida y misión que queremos analizar, en espíritu de fe y fraternidad, buscando la unidad en la diversidad, desde el lema que todo lo aglutina. 

Abordaremos otros temas a lo largo de este camino capitular: 

  1. El nuevo texto del Directorio que, como sabemos, hemos de estudiar y aprobar, después del proceso de revisión realizado, que responde, por un lado, a la revisión de las Constituciones y, por otro, a la adaptación a la realidad actual de nuestra vida y misión; 

  2. la Presentación de las Memorias del Sexenio e Informes de las Provincias, como ese “tocar” la realidad donde Dios va realizando sus obras; 

  3. el proceso de elección de la Superiora general y consejeras, quienes guiarán la Congregacion en los próximos años;  

  4. el post-capítulo, o implementación, las sugerencias y acuerdos.  

En la oración por el Capítulo que hemos rezado a lo largo de estos meses, pedíamos que “la celebración del XXII Capitulo General, sea para cada hermana, y para toda la Comunidad hospitalaria, un nuevo Pentecostés”. 

Será así, si cada una de nosotras cultivamos aquellas actitudes que nos piden las Constituciones: “el espíritu de fe y fraternidad buscando, en actitud de discernimiento, lo que sea del agrado del Señor”. 

En este sentido, actualizo lo que decía a cada una cuando convoqué el Capítulo: A ti, hermana, que haces parte de esta comunidad capitular, invoco sobre ti la Ruah divina, para que sepas escuchar con humildad, hablar con valentía y practicar el discernimiento en la búsqueda de la voluntad de Dios; para que, configurada con los sentimientos del Corazón de Jesús y revestida de sus entrañas de misericordia puedas ser dócil en la obediencia, responsable en la colaboración y creativa en la visión del futuro congregacional

Ponemos nuestra asamblea capitular bajo la mirada benevolente de María, cuya intervención fue decisiva en la fundación de nuestro Instituto; que ella nos obtenga entrada y permanencia en el Corazón del Hijo para vivir en Él y reproducir sus sentimientos, que Ella nos revista de sus entrañas de misericordia.

Como nos decía nuestro Fundador, acudamos a María, “Ella es nuestra Madre, Ella así lo desea vivamente; Ella será nuestra intercesora para ello; Ella suplirá todo lo que nos falta a nosotros. En fin, echémonos hijas mías, en los brazos de María y Ella nos llevará a Jesús, nuestro Bien sumo, nuestro Amor, nuestra Vida, nuestra Gloria, nuestro Todo”.

Queridas hermanas, a la protección de nuestros Fundadores, S. Benito Menni, María Josefa y María Angustias, confiamos la celebración de este XXII Capítulo general que, a partir de ahora, declaro abierto.


Muchas gracias. 

Anabela Carneiro

Superiora general 




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